I love Fugazi

Me siento honrado que Dani, en su estreno como colaborador en SubNoise, me haya pedido que escribiera la introducción de su artículo. Se trata de un meditado repaso por la historia de una de las bandas que ha corrido paralela a lo largo de toda su vida musical. Es tan solo un ejemplo de esos grupos que han marcado la existencia de cada uno, en los buenos y malos momentos, y se nota a la hora de escribir sobre ellos por la pasión que destilan los artículos y que nos hacen sentir orgullosos del contenido de la página. Si para Mario es Sôber y para Andrés podría ser Mudhoney, por poner un par de ejemplos, para Dani es Fugazi. Y esta es su vida…

Azar adolescente

Año 1992. Figueres, Girona. Tenía sólo catorce años cuando me ocurrió una de esas casualidades que te acaban cambiado la vida. Andaba yo hurgando entre las revistas de un kiosko local, cuando accidentalmente di con un ejemplar de Reptil Zine, publicación musical hasta entonces desconocida para mí (dada su escasa tirada y pobre distribución) la cual documentaba la escena Hardcore-Punk nacional e internacional. En sus páginas hallé reveladoras crónicas de conciertos, reseñas de maquetas y discos, interesantes cartas de lectores y suculentos reportajes dedicados a múltiples bandas aún por descubrir. Ávido de nuevas experiencias musicales, absorbí sus páginas a la espera de poder hacerme con material de alguna de las bandas allí presentes. Nombres como Corn Flakes, Subterranean Kids o Manliftingbanner iluminaban mis ojos pidiendo mi escucha.

Minor Threat

Pero de todo el goteo de nombres allí presente había uno que llamó mi atención sobremanera, Minor Threat. Una retrospectiva sobre la fulgurante carrera de los de Washington, incrustaría en mi tuétano esas dos palabras, convirtiéndolas en objetivo prioritario. Leí y releí ese artículo hasta la saciedad, sabía todo sobre ellos sin siquiera haberles puesto la oreja encima. El riguroso blanco y negro fanzinero de sus páginas interiores, y un contenido bien documentado en lo que a datos y memorabília gráfica se refiere, ponían mis dientes largos con las bonanzas allí descritas sobre los creadores de “Filler” (canción que a la postre se convertiría en mi favorita de todos los tiempos).

Punk-Rock cicerone

Un año después del hallazgo, ya con quince años, mi amigo Oscar y yo decidimos formar una banda. Necesitábamos un batería, pero pese a los muchos esfuerzos, no dábamos con uno afín a nuestras inquietudes musicales. Los jóvenes músicos locales se decantaban principalmente por heavy metal o rock urbano nacional, por lo que nos vimos obligados a ensayar una buena temporada sin batería. Una noche, estábamos escuchando “La Taberna Del Llop”, programa radiofónico de música alternativa a cuya cita diaria no fallábamos, cuando saltó la sorpresa. Una de las llamadas al programa era la de un batería que buscaba músicos para formar una banda de Hardcore-Punk. De inmediato, Oscar y yo llamamos al programa y nos pusimos en contacto con él. Tuvimos la suerte de que vivía a “sólo” veinte kilómetros de nuestra Figueres natal, lo cual fue casi un milagro, pues la mayoría de contactos entre músicos vía radiofónica tenían lugar en la zona de Barcelona y alrededores. Empezar a ensayar con Pau, nuestro flamante batería, fue toda una revelación. Nos aportó su experiencia previa (era unos años mayor que nosotros), y nos permitió acceder a su suculenta colección de discos y cassettes ejerciendo de cicerone musical. Antes de conocerle apenas contábamos con unos pocos cassettes y aún menos vinilos, pero en poco tiempo eso iba a cambiar. Y mucho. El sonido en muchos casos no era el mejor (grabado de grabado o grabado de grabado de grabado), pero nosotros estábamos en una nube. Green Day, Nofx, Superchunk, Sonic Youth, Mudhoney, Green River, Pennywise, Corn Flakes y un largo etcétera de buenas bandas, pasarían a engrosar sustancialmente nuestra colección de cassettes grabados. De entre todos ellos, dos discos me hicieron especialmente feliz. Una cinta de cassette con el recopilatorio “Complete Discography” de Minor Threat (¡por fin!) y el entonces nuevo disco de Fugazi, la banda post-Minor Threat de Ian MacKaye, cantante y líder de estos últimos. Disfruté como un enano escuchándoles. Minor Threat me pusieron las pilas con su velocidad y disconformidad. Era previsible, me enamoré de su música. “In On The Kill Taker” de Fugazi, también me impresionó. La música me pareció sofisticada y sugestiva, muy atrayente. Además Pau tenía una copia en vinilo. Con esa foto de portada espectacular en papel rugoso, me pareció un objeto precioso. Me cautivaron al instante, musical y estéticamente.

Nacimiento del mito

Tras varios años fogueándose en efímeros (e interesantes) proyectos bisagra (Embrace, Egghunt, Pailhead), Ian MacKaye se enrolaría, por fin, en el esperado plato fuerte posterior a la banda madre. Fugazi, o lo que es lo mismo, Joe Lally, Brendan Canty, Ian MacKaye y Guy Picciotto, echan a andar en 1987. Como MacKaye, el resto de integrantes se habían curtido en múltiples proyectos de la escena DC, de modo que la banda nacía en un marco de avanzada madurez musical. Podemos interpretar esto como causa inequívoca de su singular sonido, siempre expansivo e intenso, llevando la experiencia hardcore a terrenos mucho más amplios. Aunque es el suyo un sonido fuertemente marcado por la suma de sus cuatro partes, se pueden extraer variadas influencias externas. Coetáneos del underground americano como Sonic Youth o Minutemen. El feedback y las aristas proto-punk de The Velvet Underground. El sonido punk intelectualizado, arty, de Wire (no en vano Minor Threat les habían versionado con una acelerada relectura de “12XU”). El cortante post-punk de los ingleses Gang Of Four. Viejos partenaires de andanzas hc-punk, con Black Flag a la cabeza. Arreglos de producción heredados de la tradición jamaicana. Poderosos riffs ascendientes del stadium-rock de los 70’s. Y por supuesto las cenefas de guitarras de los neyorquinos Television, cuya cara B “Little Johnny Jewel” cuenta con un riff central que suena a Fugazi… ¡11 años antes de que estos nacieran¡ Las siete canciones de su homónimo EP de debut presentaban en sociedad a una banda fresca, con un fuerte componente rítmico en sus canciones. Cambiando la velocidad de antaño por intensidad, y en muchos casos simplicidad por sofisticación. MacKaye y Picciotto a las guitarras, siempre diferenciables entre si, urden una extensa gama de registros.

Fugazi. Foto: Charles Peterson

La sólida base rítmica, reclama un alto grado de protagonismo, ejerciendo de infatigable pulmón. La técnica e inventiva de Brendan Canty a la batería, encaja como un guante con el buen gusto de Joe Lally, siempre excelente y sinuoso dibujando deliciosas líneas de bajo sobre el inconfundible sonido de su Music Man. Las voces de Ian MacKaye y Guy Picciotto, por momentos en tensión, otros en tono reposado, se ceden el testigo dándose espacio propio en cada canción, pero si ésta lo pide, cruzan ambos timbres enhebrando intensas tramas a dos voces. El contraste entre sus dos gargantas constituye un claro sello distintivo de su sonido. Un instrumento más. Otra singular vía expresiva para su música. Con ese himno imperecedero que es “Waiting Room”, se abría la veda a un repertorio vasto tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo.

Primera etapa

Podemos dividir la discografía de Fugazi en dos periodos creativos. El que comprende sus dos primeros EP’s (“Fugazi”, 1988 y “Margin Walker” 1989) y sus dos primeros LP’s (“Repeater”, 1990 y “Steady diet of nothing”, 1991) sería el primero. El que parte en “Red Medicine” (1995) y sigue con “End Hits” (1998) para echar el cierre en “The argument” (2001) sería el segundo. Como ecuador entre ambos periodos situaríamos “In on the kill taker” (1993), un disco que por sonido y contenido se antoja perfecto disco bisagra entre ambas fases creativas. Los EP’s “3 songs” (1990) y “Furniture + 2” (2002), así como el LP “Instrument” (1999, banda sonora del documental con el mismo nombre, obra del cineasta y documentalista Jem Cohen) completan su discografía.

La primera etapa los muestra más crudos, con un Picciotto áspero en su interpretación vocal (“Glue Man”, “Turnover”). Muchas de sus canciones más “Rock”, más “Core” se encuentran en ése primer lustro. Quizás por la crudeza de sus primeras grabaciones, donde guitarras sin pulir y baterías con importante cantidad de reverb adquieren protagonismo estético. Siempre inspirados y versátiles, se las arreglan para hallar múltiples recursos creativos sin hipotecar sus rasgos identificativos. “Bluepint” o “KYEO” son emotivos himnos a los que poco o nada se les puede objetar. El contraste de intensidades (tan habitual en sus contemporáneos Pixies y posteriormente en Nirvana) abraza “Suggestion” o “Shut the door”, haciéndolas entrar en un “tira y afloja” constante. Pero también hay lugar para pasajes reposados (“Long Division”, “Promises”) o excelentes experimentos (“Repeater”, “And the same”) que dejan claro el gran recorrido que pueden transitar sin dejar de sonar palpablemente fugazianos.

Punto de inflexión

“In On the kill taker”, como punto de anclaje entre etapas, les lleva a un escenario distinto. Un sonido visceral, de guitarras descarnadas, recorre su minutaje. El nervio inicial (enormes, intensas “Facet Squared” y “Public Witness Program”) da paso a reposados medios tiempos (la paz de “Sweet and Low” por un lado, la aspereza de “Last chance for a slow dance” por otro). La vehemencia de Picciotto en “Rend It” y “Smallpox Champion” añade credenciales, haciendo de ambas cumbres destacadas del álbum. Una primera versión del disco grabada en Chicago junto a Steve Albini fue finalmente desechada por el cuarteto. No satisfechos con el resultado, lo grabaron nuevamente, esta vez en Washington de la mano de los habituales Ted Niceley y Don Zientara. La salida de “In On the kill taker” supuso también un punto de inflexión en términos de popularidad y ventas. Venerados ya dentro del underground americano, con su tercer LP incrementan ventas, fechas de conciertos, y en consecuencia, popularidad. Huelga decir que esto no altera un ápice su habitual modus operandi, ajeno a intermediarios, multinacionales y demás vampiros de la industria musical. Fieles a la filosofía Do It Yourself que les proporciona operar desde Dischord Records, su propio sello discográfico, continúan controlando todo lo que rodea a la banda. Así contratación de giras, precios de las entradas para sus conciertos, precios de sus discos y demás aspectos mercantiles, son gestionados personalmente por ellos mismos.

Madurez creativa

En el ecuador de los años 90 se inicia su etapa de madurez. Una excelsa fase en la que el papel del estudio de grabación multiplica su protagonismo. Siempre bien acompañados en tareas de producción y sonido por los mencionados Ted Niceley y Don Zientara, los de Washington pulen su anguloso sonido creando ambiciosas obras de orfebrería post-hardcore genuinamente americanas. Con su vocación más experimental felizmente desatada, entre 1995 y 2001 paren tres inspiradas obras marcadas por una notable ambición creativa. “Red Medicine” pasa por ser el álbum más experimental del lote. Canciones como “Birthday Pony”, “Do You Like Me”, “Long Distance Runner”, o el denso magma de guitarras que atraviesa “By You”, renuevan por completo el sonido Fugazi, alcanzando estratosféricas cotas creativas. Extraños sonidos nutren los recovecos de una grabación que no escatima en detalles de producción. He de admitir que siento especial debilidad por “Red Medicine”. Desde la primera escucha me dejó noqueado. Sus originales intros, y canciones enormes como “Bed For The Scraping” o “Forensic Scene”, me siguen seduciendo como el primer día. Durante muchos años ha sido el disco de Fugazi que más he escuchado.

Fugazi. Foto: Ed Templeton

En la primavera de 1998 llegaría “End Hits”, nuevo y meticuloso esfuerzo que pasaría por ser el más vertebrado de todos. Sus quiebros, silencios, y giros inesperados lo llenan de misterio. “Break” es una indiscutible cumbre fugaziana. Tremendamente sugestiva y cinematográfica, abre esa caja de quiebros que es “End Hits”. “Recap Modotti”, contenida, magistralmente ambientada, nos descubre a Joe Lally a la voz. Parsimonioso, leve. Lo borda. Casi un preludio de su posterior carrera a título propio. Esa montaña rusa que es “Arpeggiator”, se une a la nómina de excitantes números instrumentales con los que ya contaban. El halo misterioso de “Closed Captioned” suma capas de percusión a un disco en el que, más que nunca, las baterías copan protagonismo merced de un elaborado entramado rítmico. Este trabajo de percusión intentaría ser trasladado al escenario mediante la inclusión de un segundo batería, acercando de este modo parte de la experimentación rítmica de de “End Hits” al directo.

La inspirada fase de madurez concluye con la edición en 2001 de “The Argument”, su obra más reposada y evocadora. La gestación del álbum se llevó a cabo sin prisas, con los cuatro miembros volcados en un proceso creativo libre de preceptos o urgencias. Esto daría lugar a canciones como “The Kill”, con un claro componente experimental e hipnótico. El meticuloso trabajo de producción y un cuidado sonido realzan el resultado final de un disco elegante, rico en arreglos. Las canciones más ensoñadoras de los cuatro de Washington se dan cita aquí. La adictiva contención de “Cashout” inicia el fascinante trayecto. “Full Disclosure”, enfermiza y disonante, atrapa. En ella, la crudeza se transforma en dulzura con asombrosa naturalidad. “Epic Problem” es un trepidante viaje adrenalínico donde MacKaye exhibe sus ya clásicos alaridos. “Life and Limb” derrocha savoir faire. Expresivas guitarras arpegiadas, un sencillo punteo, palmas, rutilante bajo y un final perfecto la erigen en momento cumbre del disco. “The Argument” en el papel de obra póstuma (hasta la fecha), ejerce de sólido epitafio llevándoles al clímax de su madurez creativa.

Hiato indefinido/Tentativas

En 2003, tras concluir una exitosa gira por el Reino Unido, Fugazi anunciaban un alto en su actividad como banda. Ellos mismos lo describirían como un “hiato indefinido”. La reciente paternidad de Joe Lally, pasar más tiempo con sus respectivas familias y dar cabida a nuevas aventuras musicales y profesionales, las causas del cese. Tras el parón, los cuatro miembros han continuado ligados a la música de diferentes formas. Ya sea con The Evens (Ian MacKaye), Deathfix (Brendan Canty), editando discos en solitario (Joe Lally), o en labores de producción (Guy Picciotto). A lo largo de estos años han sido constantes los rumores sobre una posible reunión, pero pese a contar con indecentes ofertas económicas como la ofrecida por el californiano festival Coachella, esta opción siempre ha sido desestimada por nuestros cuatro protagonistas. Ian MacKaye apuntaba que si alguna vez decidieran reunirse no sería por dinero, sino por el hecho de querer tocar juntos de nuevo. Según el bajista Joe Lally, la posibilidad de una reunión sólo sería viable si todo lo que la rodeara se diera de forma natural. Tras dejar el listón altísimo con “The Argument” y perder el contacto musical como banda, convendremos harto complicado que se den los condicionantes para un reagrupamiento. Máxime cuando el propio Lally reside en Roma junto a su esposa y su hija. Pese a todo, mantendremos la fe intacta, pues cualquier fan que se precie, como todo buen creyente, no debería perderla jamás.

Fugazi

Remasters/Live Series

Pese a la inactividad grupal, Dischord no ha cesado su labor editorial con la banda, digitalizando todo el catálogo y reeditándolo en cd y lp numerosas veces. Además, en los últimos años todos sus álbumes han sido remasterizados. El nuevo mastering aúpa el volumen del conjunto, dotándolo de mayor brillo respecto al sonido de los masters originales. No se puede decir que el sonido mejore el de las “sagradas” ediciones originales, pero sí aporta un matiz distinto. A lo largo de sus 16 años de actividad, Fugazi realizaron alrededor de 1000 actuaciones en directo de las cuales unas 800 fueron registradas por los técnicos de sonido de la banda. Con el fin de poner dicho material a disposición de los fans, y tras años de trabajo en la sombra, el 1 de diciembre de 2011 se anunciaba la salida de las Fugazi Live Series. Grabaciones de un total de 130 conciertos, disponibles en formato digital a través de la web de Dischord Records. El precio de partida sugerido es de 5$ por show, pero éste puede oscilar en función de lo que esté dispuesto a pagar el interesado. A estos primeros 130 shows (todos masterizados sin ser editados, conservando así la pureza de cada concierto) se sumarán paulatinamente el resto de grabaciones hasta cubrir la totalidad de los 800 shows disponibles.

Se cierra el círculo

El 3 de junio de 1995, días antes de la edición de “Red Medicine”, Fugazi harían escala en la barcelonesa sala Zeleste, para actuar dentro del marco de su gira europea. Sabía de la fecha del concierto desde hacía meses, pero muy a mi pesar no pude asistir. Consciente de que con sólo 16 años, el “no” parental estaba asegurado, no osé pedir permiso a mis padres para ir hasta la gran urbe a ver un concierto de Rock. En cambio mi amigo Ferran, algo mayor que yo, si asistió. Como era de esperar me contó maravillas sobre el concierto, así que verlos en directo se convertía definitivamente en asignatura pendiente. Afortunadamente 4 años después, embarcados en una nueva gira europea, Fugazi volvían a pisar Zeleste. Por aquel entonces Oscar, Ferran y yo tocábamos juntos en una banda “seria” (Without), con la cual versionaríamos a nuestros admirados Minor Threat y Fugazi, además de grabar nuestro propio material. Pero para cerrar el círculo faltaba cumplir esa asignatura pendiente. El 8 de octubre de 1999 pasaría a la historia como el día que por fin vi a Fugazi en directo. Nunca había visto (o mejor dicho, observado) un concierto con tanta atención. Tanto es así que casi 15 años después, sigo recordando infinidad de detalles con precisión. Generosos en el esfuerzo y en el minutaje (hora y media, dos bises) consiguieron que me fuera de allí más que satisfecho. Feliz. Son muchos los flashes de ese concierto. Los contoneos de Guy Picciotto sin soltar el pie de micro (imponente su presencia escénica). Ian MacKaye encarado a su amplificador, sacudiendo su Gibson SG enérgicamente en la intro de “Smallpox Champion”. Joe Lally acercándose sigilosamente al micrófono de MacKaye para acometer “Recap Modotti”. Brendan Canty, perfecto en todo momento, aporreando su inseparable campana. La inclusión de un segundo batería (Jerry Busher, roadie y músico de refuerzo en directo) en canciones como “Closed Captioned”. Cada paro entre canciones era aprovechado para comentar la jugada con Mario, Edu y Jordi, tres amigos también presentes. Nuestro entusiasmo era patente. No es de extrañar, no era el que teníamos delante un show cualquiera. Quizás porque Fugazi no son una banda cualquiera, sino más bien una banda extraordinaria como pocas. Una banda singular sin la cual no se entendería el underground americano de los últimos 30 años.

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  • 23/01/2014
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