Mudhoney, Berlín ’88

Mudhoney, Berlín ´88

En octubre de 1988 la lista Billboard (la lista, por mucho que nos pese, que marca las tendencias musicales, por lo menos las “comerciales”) estaba copada por sleazy rockers como Guns n’Roses, Bon Jovi, Cinderella o Def Leppard –visto lo visto en los momentos que vivimos, hasta eran casi buenos tiempos para la música generalista-, por bandas sonoras como la de “Cocktail” (cuánto daño ha hecho esa película, ya no hay bar de barrio que no tenga carta de cópteles), y por pop masticable del de siempre representado por Tracy Chapman –¿no os ponía un poco nerviosos su voz?-, George Michael antes de salir del armario, o por los julandrones de UB40. Vamos, que para un grupo como Mudhoney, recién nacido el 1 de enero de ese mismo año tras juntarse para hacer un poco de ruido cuatro amantes de la cerveza y el pampaneo, que habían militado hasta hacía poco tiempo en bandas como los míticos Green River (Mark Arm y Steve Turner), los retorcidos Melvins (Matt Lukin) o los prácticamente desconocidos Bundle of Hiss (Dan Peters), el panorama tampoco es que fuera muy esperanzador en términos comerciales. Qué más daría eso, porque, entre las muchas cosas positivas y reseñables de un cuarteto como Mudhoney, desde luego que no estaba la ambición por el estrellato, la cocaína y el Dom Perignon.

La cuestión es que, con apenas 9 meses de vida como banda, habiendo editado únicamente el single “Touch me I’m sick/”Sweet Young thing ain’t sweet no more” en SubPop, y con una experiencia tocando en directo fuera de Seattle que se reducía a una única visita a Portland (que sería algo así como tocar en L’Hospitalet siendo de Barcelona), se vieron, sin comerlo pero sí beberlo, embarcados en un viaje a Berlín para tocar en el festival “Independence Days 88”. Hasta ese momento, además de nunca haber salido de Estados Unidos ni haber pernoctado como banda en un hotel, un fenómeno como el rock del noroeste norteamericano era completamente desconocido en Europa. Y Mudhoney, junto a SubPop, claro, fueron los embajadores de ese nuevo sonido, que en el caso de Mudhoney mezclaba con maestría el legado de bandas como Motörhead, Sonic Youth y los Stooges.

Mudhoney, Berlín ´88Y vaya embajadores escogieron. Lo mejorcito de Seattle. Cuatro entrañables gañanes (como dejan patente con sus intervenciones al público berlinés, que van desde un muy etílico “Ich bin ein berliner!” hasta hacer el tontaina simulando regalar pases de backstage a las chicas guapas del respetable, pasando por unos saltitos a lo Lago de los cisnes entre tormentas de fuzz cortesía del dúo Arm/Turner realmente…curiosos), alucinados con la cerveza de trigo (“es el único recuerdo que tengo de esos días, las enormes jarras de weiss bier”, recuerda Mark Arm en la entrevista que acompaña al DVD), y que de pronto se vieron en la responsabilidad –que por supuesto no aceptaron- de ser los representantes de la nueva generación del punk rock norteamericano. ¿Qué esperaban estos alemanes? En el año 88 los miembros de Mudhoney apenas pasaban de los 20 años, y a esa edad, os aseguro que hice cosas mucho menos dignas y mucho más zarrapastrosas. Así que suficiente hicieron con dar un tremendo y ruidoso concierto de apenas 40 minutos de duración. Tiempo suficiente para dejar a todos los kartoffen con los oídos pitando y los ojos como platos. Pero platos redondos, no esos cuadrados de restaurante presuntamente bueno (y seguramente caro). “Mudride”, “If I think”, “No one has”, “Touch me I’m sick”, “In n’ out of grace”… Todas las joyas que unos meses más tarde editarían en su ya clásico “Superfuzz Bigmuff” están incluidas en este arqueológico y necesario documento audiovisual.

Sí, he dicho “necesario”, porque, por desgracia, mucha gente no sabe que sin esta visita de Mudhoney en el lejano año 88, que podría haberse quedado en una simple curiosidad para freaqs como tú y como yo, no se hubieran desencadenado una serie de acontecimientos que allanaron el camino a bandas de las que todos hemos oído hablar y que fueron metidas en el saco de lo que llamaron grunge. Necesario también porque sin Mudhoney, nadie habría olido el espíritu adolescente, ni el punk hubiera explotado en el año 91, ni Seattle se hubiera convertido en la meca del rock duro durante la primera mitad de la década de los 90.

Lástima que la imagen del grunge quedó por siempre grabada a tíos con cara de haba y con tendencia a la depresión y a la drogadicción, porque el primer fogonazo lo dieron cuatro tíos con un descacharrado sentido del humor y con muy poco sentido del ridículo. Será por eso que cuando se habla de la movida de Seattle, siempre se olvidan de los Mudhoney. Craso error.

Llevan media vida alegrando mis fracasos vitales.

Texto: Andrés Derrick

Setlist:
No One Has
Sweet Young Thing…
Need
Chain That Door
If I Think
Mudride
Here Comes Sickness
Touch Me I’m Sick
In ‘N’ Out of Grace

Autor:
Categorías:
Tags:
Fecha:
  • 06/06/2013
Compartir: