Desempolvando… Cardiacs – On Land and In the Sea (1989)

Cardiacs - On Land and In the Sea (1989)

Según la historia oficial del rock, no podría haber dos corrientes musicales más lejanas y opuestas como el progresivo y el punk. Después de todo, si le damos la razón a estos relatores, el punk surge a finales de la década de los 70 no solo como la antítesis, sino como el antídoto a la pretensión, el virtuosismo y a las ínfulas de complejidad intelectual que bandas como Yes, Genesis y Emerson, Lake and Palmer habían traído al mundo del rock & roll. Bandas como los Sex Pistols y Ramones ostentaban como parte de su misión el regresar a la música a sus colores primarios.

Pero siempre existen divergencias, artistas que cuestionan los discursos y los exponen como la gran ridiculez que son. Cardiacs decidió implementar las ideas de ambas doctrinas; la negación estética y el sibaritismo, la ambición conceptual y la inmediatez brutal, la solemnidad y el absurdo. A lo largo de una carrera de casi 20 años, derribaron los viejos moldes y las viejas preconcepciones de lo que debe ser la música, y en el proceso, nos regalaron discos de absoluta vanguardia.

El mejor punto de partida, y tal vez el trabajo que ilustra con más claridad la hermosa monstruosidad que es Cardiacs es “On Land and in the Sea”, lanzado en 1989. Este disco tiene absolutamente de todo: paisajes preciosos de teclados sinfónicos, explosiones brutales de agresividad, escapadas violentas al jazz fusion, pinceladas de música de cámara experimental, euforia psicodélica, crítica sociopolítica disfrazada de sinrazón dadaísta, y sobre todo, una sensación de total diversión que es tan difícil de describir como de comparar.

Cardiacs - On Land and In the Sea (1989)

Temas como “The Leader of the Starry Skies” nos llevan a un territorio en el que el desmadre matemático de sus baterías convive con un ska de la variedad The Selecter, con una letra estrafalaria que no sonaría fuera de tono en un disco de los pioneros DEVO. Por su parte, “The Duck and Roger the Horse” nos ofrece una vorágine avant-prog que se siente como una película de Monty Python condensada en 4 minutos de frenesí. La estrella de esta obra es sin duda el bullicioso saxofón de Sarah Smith.

En canciones como “Fast Robert” y “Buds and Span”, Cardiacs demuestra como la complejidad en sus arreglos y progresiones de acordes hace juego con la aparente simpleza en la libre asociación de sus letras. Hay un juego surrealista en proceso, pero también se deja entrever la influencia de disidentes sesenteros como Syd Barrett. Durante muchos pasajes del álbum, se puede observar como la banda abraza la oscuridad y la decadencia de su presente, la Inglaterra Thatcheriana con su esplendor artificial y su neoliberalismo aplastante, pero a la vez intenta por todos sus medios esquivar la temporalidad, tomando pistas y toques de todo el siglo XX, resultando en un trabajo que si bien suena como algo que siempre ha existido, también pareciera proveniente de un futuro que no sabemos cómo abordar.

Pero ese es el gran logro de esta enorme banda, el habernos mostrado que, incluso en el movimiento musical en el que supuestamente las reglas no importaban, construimos dogmas y dibujamos fronteras innecesarias. Vinieron a recordarnos que nuestro rol en el rock es cuestionar todo, sobre todo a nosotros mismos. En décadas posteriores vinieron más grandes artistas que mezclaban punk y progresivo — Mr. Bungle añadió una capa metalera y la escena hardcore luego tomaría el énfasis polirítmico para crear el math-rock —, pero debemos dar su debido crédito a Cardiacs como aquellos que se atrevieron a abrir esta brecha.

Reconocimos a tiempo este espíritu en The Mars Volta a inicios de milenio, pero mientras los estadounidenses tenían como objetivo la actualización de la expresión lisérgica, el de Cardiacs siempre fue la deconstrucción total de los géneros musicales.



Autor:
  • Leonel Manzanares de la Rosa
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Fecha:
  • 28/01/2020
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