Desempolvando… “Orgasm” de Cromagnon

Desempolvando… Orgasm de Cromagnon

Muchas veces nos referimos a discos como avanzados a su tiempo, pero cuando hablamos de grupos como Cromagnon el concepto nos queda incluso corto. Hoy desempolvamos unos de los discos más extraños e innovadores, no de los 60, sino de la historia de la música. Señores y señoras, niños y niñas, bienvenidos a la prehistoria.
“Orgasm” es probablemente uno de los discos más extraños y curiosos que podemos encontrar en la historia de la música moderna. El proyecto surge de la unión de Austin Grasmere y Brian Elliot, dos multi-instrumentistas y compositores profesionales que un día deciden grabar un trabajo en el que la idea fundamental era imaginar qué tipo de música harían un grupo de cavernícolas. Bajo esta premisa componen un álbum que lleva la experimentación hasta cotas que nos siguen sonando absolutamente futuristas incluso hoy en día, más de cuarenta años después de su grabación. Además, estos dos visionarios contaron la ayuda de miembros de los desconocidos The Blues Boss, que trabajaron en este disco bajo el nombre de The Connecticut Tribe y detrás del cual estaban Peter Bennett, Sal Salgado, Vinnie Howley, Mark Payuk, y Jimmy Bennett. Y, aunque esta es la versión más o menos oficial, lo cierto es que hay unas cuantas historias sobre quienes fueron los acompañantes de Grasmere y Elliot en este disco. Uno más de los muchos misterios que rodean a este disco.

Desempolvando… Orgasm de CromagnonEditado originalmente bajo el nombre de “Orgasm” en 1969 y reeditado hace unos años con el descriptivo título de “Cave Rock”, este disco ha sido etiquetado en numerosas ocasiones como precursor de una gran variedad de géneros que no nacerían hasta muchos años más tarde. El álbum fue editado por ESP Disk, un sello discográfico neoyorkino que nació en 1964 con la filosofía de respetar y fomentar la completa libertad artística de sus músicos, resumido en el lema que aparecía impreso en todas sus ediciones: “The artists alone decide what you will hear on their ESP-Disk”. Prueba de ello es que fueron los artífices de muchos lanzamientos de gente como Sun Ra, Albert Ayler y otros representantes del free jazz de los 60.

“Caledonia” abre el álbum con un inicio que recuerda a las sintonías de muchas cabeceras de las grandes productoras americanas de cine para transformarse en un minuto en una algarabía de gaitas y voces casi guturales. Una auténtica locura totalmente fuera de su tiempo y aún así es el tema más asequible. Porque a partir de la segunda pista comienza la verdadera esquizofrenia más extravagante que podamos escuchar. “Ritual Feast of the Libido” es una sucesión de gritos al tiempo que marca un tambor ritual. Todo ello aderezado con ruidos y distorsiones varias. En “Organic Sundown” podemos apreciar la completa espontaneidad e improvisación que reinó en aquella grabación, llegando incluso a registrarse ciertos golpes que por lo visto alguien estaba dando en una de las paredes del edificio. “Fantasy” comienza con una armonía vocal que no presagia ningún tipo de lógica en lo que vamos a escuchar segundos después: sirenas, fragmentos de radio, risas, etc. Muchos de los sonidos, que al oído parecen de origen incierto, procedían del uso de diversos objetos comunes, como escobas, palos, trozos de madera, etc. En cierto modo, Faust años después también buscaron en diversos
objetos extraer sonidos que pudieran usar para sus delirantes composiciones.

Desempolvando… Orgasm de Cromagnon“Crow of the Black Tree” es una de las composiciones más impresionantes. Sobre un rasgueo monótono de guitarra con sólo un par de acordes se desarrollan unas voces a medio camino entre la declamación y los cantos tibetanos. “Genitalia” si no fuera por su corta duración podría volver loco a más de uno. Pero una vez superada la sorpresa inicial es posible apreciar ciertas líneas vocales magníficas. “Toth, Scribe I”. es un extraño caos de sonidos de tormenta y melodías sueltas que es la prueba de fuego para cualquier oyente. Más de diez minutos que pueden llegar a ser exasperantes pero que, de superarse, tiene su recompensa en el final de “First World of Bronze”. Una guitarra frenética, como si de un alocado Hendrix se tratara, se funde con unas voces que parecen recogidas de cualquier insólita y tétrica liturgia.

Cromagnon no va a ocupar posiblemente demasiado tiempo en el reproductor de muchos de vosotros, pero la enorme capacidad de anticipación de este trabajo ya constituye por sí sola un excelente motivo para acercarse a él. Y más allá del escepticismo que provoca en una primera escucha podemos encontrar un buen puñado de ideas y melodías que, al menos, consiguen abrir la mente y descubrir una visión absolutamente excepcional a cualquiera que se acerque con los oídos bien abiertos.

Texto: Juanma Vilches

Aquí podéis escuchar (y leer) una entrevista con miembros de la banda http://lounge.espdisk.com/archives/338

Para que os hagáis una idea, así empieza el disco…

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  • 01/03/2012
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