Entrevista: El Reloj

El relojEl viernes 4 de julio, como parte de su gira por el sur del país, El Reloj pasó por la zona. Ofrecieron un inolvidable concierto en la vecina localidad de Cipolletti. Abrieron No Somos Ángeles (impecables y contundentes como siempre), Doctrina (que tratan de ajustar su nueva formación), y los correctos Odissea. Sala llena, 400 entradas cortadas. Buen sonido. En la previa, los músicos de El Reloj charlan y comparten birras con quien quiera acercarse, se sacan fotos con quien se los pida, firman autógrafos, intercambian direcciones, aplauden a los teloneros… Con sus propios instrumentos en mano, salen de entre el público y suben al escenario, enchufan y arrasan. Potencia, precisión, virtuosismo, buenas canciones. El repertorio se divide entre los obligados clásicos, algún cover de Purple y los temas de “Mercado de Almas”, su último disco. Los que aplauden son pibes de quince hasta veteranos roqueros de más de cuarenta.

Podría ser una banda de catálogo, un nombre más en la frondosa enciclopedia del rock argentino: Reloj, El; pero fundada en 1971, El Reloj es una máquina que continua marchando. Claro que en el camino estuvo detenida, casi llegó a oxidarse, y varias veces sufrió el cambio de piezas. La última refacción incluyó al cantante Gustavo Cipriano y al bajista Polaco Riedel, que junto a los engranajes originales, Osvaldo Zabala -guitarra-, Luis Valenti -teclados- y Juan “Locomotora” Espósito -batería-, hacen que El Reloj hoy siga marcando el tiempo con exactitud y contundencia. Una historia que empezó hace algo más de treinta años.

Transcripción de la entrevista a los músicos de El Reloj para el programa radial “Planeta Infierno” (http://www.planetainfierno.es.vg/) de Neuquén, Argentina

FORMACIÓN ORIGINAL (1971):
Luis Valenti (teclados y voz), Willy Gardi (guitarras), Osvaldo Zabala (guitarras), Eduardo Freza (bajo), Juan Espósito (batería)
FORMACIÓN ACTUAL:
Luis Valenti (teclados), Gustavo Cipriano (voz), Osvaldo Zabala (guitarra), Polaco Riedel (bajo), Juan Espósito (batería)

Contactos:
Quique Correa ([email protected]) y Rukerto Gomez ([email protected])

– Son, quizás, la banda de más trayectoria…

Luís Valenti (teclado): Yo no podría decir que somos la banda de más trayectoria; sí que somos una banda de gran trayectoria. Tendríamos que entrar en una cuestión cronológica… Hay grupos argentinos que hace años que están; nosotros tuvimos una separación prolongada.
Polaco Riedel (bajo): Hubo una interrupción muy importante, del ’78 al ’94, dieciséis años. Hay otras bandas que en forma ininterrumpida llevan más años tocando.

– Aunque por separado, de alguna manera, nunca dejaron de estar; siempre siguieron en actividad

LV: Hicimos muchísimas cosas. Colaboramos con muchas bandas todo este tiempo. Hemos tocado un tiempo con Pappo, él (por Zabala) grabó dos discos con Pappo. Yo toqué con mucha gente, Vox Dei entre otros; he grabado discos con ellos, toque con el negro García López, saqué un disco solista; no sé, mil historias… Nunca dejamos de hacer música. Lo que pasa que dejamos de hacer música como banda El Reloj; nos separamos. En su momento tuvimos rollo entre nosotros y nos separamos.

– Pero nunca ninguno fundó su propia banda, por eso siempre fueron “el ex integrante de El Reloj” a donde quiera que iban. Se me ocurre que la reunión de la formación original en el ’94 era casi inevitable…

Osvaldo Zabala (guitarra): Todo empezó con un encuentro casual que hubo entre Willy Gardi y Eduardo Freza. Nos llamamos, zapamos y ahí funcionó nuevamente El Reloj; como algo natural, casi sin querer. O sea, ahí volvió a juntarse la vieja formación.

– El resultado fue el disco…

OZ: “Santos y Verdugos”.

En 1995, luego de la edición de “Santos y Verdugos”, el guitarrista Willy Gardi, miembro fundador de la banda, muere en un accidente automovilístico. Esto desestabilizó aquella reunión de los originales Reloj y al tiempo el bajista Eduardo Freza abandona el grupo. Reclutaron a Polaco Riedel para el bajo y a Jorge Martínez en la voz solista. Con esta formación grabaron el demorado “Hombre de Hoy”, su siguiente disco. Por trayectoria y calidad, la banda tiene el respeto y la consideración de sus colegas. Sus primeros discos, recientemente reeditados en dos antologías, siguen siendo punto de referencia inevitable cuando se habla de rock duro argentino. En vivo se ven obligados a tocar sus clásicos de siempre (“El Mandato”, “Alguien Más en Quien Confiar”, “El Blues del Atardecer”) junto al material más nuevo.

Juan Espósito (batería): Nosotros hacemos temas de aquella época actualizados a la forma de tocar de uno y con el sonido que hay hoy en día, que no es el mismo que había entonces. Pueden por ahí resultar un poco más heavy que las versiones originales, pero yo creo que si hubiese existido este sonido en aquella época también hubiesen sonado igual de heavy; lo que pasa es que la palabra no existía y la tecnología tampoco.
Gustavo Cipriano (cantante): De hecho las bandas heavys de los ’80 tomaban como referencia muy fuerte a El Reloj.

A mediados de los `70 tuvieron un cierto giro sinfónico. Sin bien no profundizaron en esa beta, hoy en día, por momentos, todavía quedan ecos de aquella influencia sinfo; algo que se hace particularmente notorio en vivo y vía los teclados de Luís Valenti. No obstante El Reloj le escapa a los rótulos.

– Heavy metal clásico con toques sinfónicos, aunque por momentos suenan bastante hard…

JE: Nosotros tenemos una muy buena comunión con la música lejos de los rótulos. Yo creo que nos llevamos muy bien con la música en sí más allá de los rótulos que te pueden poner de estilos musicales y todas esas cosas.
LV: Rótulos, etiquetas… es parte del maldito negocio de dividir; de hacer tribus y que por una cuestión del color de una remera, o por un pelo pintado o por un pelo cortado de tal o cual manera, o por el ancho de la botamanga de tu pantalón, o el alto del borcego o no sé qué, o el ancho de la muñequera o la cantidad de tachas sos más blando, sos más hardcore, sos más heavy, sos más puto… y resulta que en definitiva sos más boludo. Y por qué sos más boludo, porque a lo único a que estás apuntando es a dividir y a estar enfrentados, como siempre nos llevaron y nos propusieron a través de los últimos quinientos años, a idiotizarnos y a enfrentarnos por supuestas banderas; porque así a los que cortan la torta se les hace más fácil. Aplican eso del viejo dicho “divide y triunfarás”. Obviamente los géneros están y en algunos casos muy definidos. El problema es que es muy invisible la frontera de cuándo empieza y termina un género. Como dijo Juan, nosotros estamos más que nada en una onda musical de mezclar o de fusionar y podemos ser heavy, podemos ser hard core, podemos ser sinfónicos y está todo bien y no hay rollo con nadie porque es música. Simplemente tocas y te sale, qué sé yo. Los rótulos se los ponen después.

En 1999 El Reloj sufre un último cambio de piezas y a partir de entonces vuelve a funcionar con regularidad. Ingresa Gustavo Cipriano en voz líder reemplazando a Jorge Martínez.

GC: Empecé a tocar a los quince años, tengo treinta y uno; empecé cantando y tocando la guitarra. Y la verdad que no me lo tomé muy en serio hasta que entré en el año ’89 en Retrosatán, que fue la primera banda de black metal argentina. Estuve, también, en un una de las primeras bandas de power metal de acá, que formamos con algunos de los músicos de Retrosatán, que se llamaba El Resplandor. Después cambié nuevamente de género; me fui al trash y estuve siete años en una banda llamada Crucifixión. Tenemos cosas grabadas pero nada editado. Estuve un par de meses en Mantra, una derivación de El Resplandor, que aún sigue tocando. He pasado por todos los estilos y he cantado más estilos, desde temas de Creedence hasta boleros. La verdad nunca me sentí tan cómodo como con El Reloj. Acá el espectro es más amplio y hay posibilidades de que uno haga otras cosas. En otros grupos, si uno quería hacer determinada cosa tenía que separarse de la gente con la que estaba y acá es como que se puede hacer de todo y eso es lo que más me contiene y más me mantiene acá. Además, es una banda importantísima para mí; siempre fueron un mito hasta que los vi en el ’94, cuando volvieron con la formación original, y me rompieron la cabeza. Para mí es bárbaro estar en El Reloj. A veces me dicen que tuve suerte, creo que tuvo mucho que ver la suerte pero creo que también laburé bastante y tengo el entrenamiento y la experiencia necesarias como para merecerme el puesto en esta banda.
PR: Te voy a contar una anécdota; cómo lo encontramos a Gustavo. Estábamos sin cantante y nos llegaban discos y demos; estábamos buscando, escuchando y buscando. Y me acuerdo que en uno de los discos que habían mandado había un bolero… Y yo, el del bolero lo pasé de largo, lo descarté sin terminar de escucharlo; digo “este tipo manda un bolero… ” A los días Zabala me dijo “por qué no buscas el que mandó el bolero”…
OZ: Porque antes del bolero había grabado unos temas en la onda que hacemos nosotros o parecida. Y no hacía un gran despliegue vocal pero tras eso había un bolero donde sí hacía un despliegue vocal interesante. Entonces yo digo “si este tipo canta esta onda y la puede cantar así, es el cantante que estamos buscando.”

Diciembre de 2001, en el país todo se va al carajo; abrupto fin de la convertibilidad, corralito bancario, cacerolazos espontáneos – “que se vayan todos”, vacío de poder, saqueos en masa, estado de sitio, represión – treinta muertos – más de trescientos heridos. Argentina es un caos y una formidable manifestación popular hecha al presi que huye en helicóptero de la casa de gobierno. Se suceden cuatro presidentes en 20 días… Linda manera de comenzar el siglo. En ese contexto se gesta “Mercado de Almas”, el último trabajo discográfico de El Reloj.

GC: Recuerdo que empezamos a hacer los temas el mismo diciembre del 2001. Nos encerramos en la casa del Polaco a componer y a la hora de hacer las letras cada uno estaba invadido por las imágenes del caos en la tele, las noticias en la radio, las charlas que teníamos entre nosotros mismos… No podíamos escaparle al marco histórico que se estaba viviendo.
PR: Sobre todo porque nosotros, aparte de ser músicos, y aunque esto parezca una obviedad muchas veces no se lo tiene en cuenta, somos ciudadanos. Nos comemos el mismo garrón, recibimos el mismo palazo en las marchas que cualquier otro. Entonces ¿cómo escapar a todo esto si encima el laburo de nosotros es hacer música y comunicar lo que nos parece?. Uno tiene las mismas dificultades que cada uno de los argentinos que están soportando toda esta mierda que tenemos que soportar. No podemos cantar sobre dragones, hadas y duendes; seguro que no.

– Por el contexto en que nació, “Mercado de Almas” es el disco más testimonial que El Reloj haya hecho nunca…

PR: Sin lugar a dudas. Y es un disco muy visceral porque, como decía Gustavo, justo nos invadió todo aquel quilombo. Ya veníamos de largos años pasándola mal; pero en aquel mes de diciembre fue una explosión general, detonó toda la bronca, toda la angustia. Saltó todo para fuera; no había margen para poesías ni surrealismos.
LV: Yo lo digo en forma personal, pero creo que en la banda estamos de acuerdo, me gustaría que lo que cantamos hace veinte años estuviera hoy fuera de contexto, que hubiera habido realmente un cambio tan importante que hoy aquellas letras suenen antiguas. Lo que pasa es que todo lo que sucede en nuestra querida Argentina viene de larga data. Entonces no un 20 de diciembre cercano, no un “la casa está orden” y no sé cuántas cosas más; esto viene de siglos. Y si no se toma conciencia de que una cosa que viene de siglos hay que cambiarla desde un lugar de mucho compromiso, nada cambia. Entonces te encontrás que temas como “El Mandato” que fueron compuestos hace casi treinta años siguen vigentes porque, justamente, el tema de fondo nunca cambió.

– Cierran “Mercado de Almas” con un tema de Gieco…

PR: Sí; y en este disco es la primera vez que la banda registra un cover; es un tema de León Gieco, que se llama “Hombres de Hierro”; este año cumple treinta años esa canción y, como dice Luis, lamentablemente todavía su mensaje sigue vigente.
GC: Era como un cierre perfecto, la letra del tema, de todo lo que nosotros veníamos diciendo en el disco.

Aún para una banda con la trayectoria de El reloj, hoy la cosa no es fácil. Más allá de las modas, El Reloj pelea para mantener su dignidad y su independencia como banda.

– ¿Cómo se arreglan con el tema del dinero, la faz económica?

GC: Con la guita nos llevamos bien porque nos vemos poco. (Risas)
LV: Lo que siempre tratamos de tener como objetivo es de no negociar ciertas cosas básicas, como seguir grabando lo que nos parece que es lo que tiene que ser, y segundo que cada show cuente con un sonido y una puesta como para que la banda se pueda expresar correctamente. Eso lo tenemos como prioridad, como objetivo inicial. Entonces no transamos. El no transar implica que a veces te encontrás con gente que entiende lo que es no transar, y te encontrás con gente que no entiende lo que es no transar; y a veces, cuando no transas, se hace difícil vivir de la música.

– ¿Y en esos casos?

LV: En esos casos salimos de caño. (risas)

Si algo le faltaba a El Reloj, una deuda para con ellos y para con su público, es un registro en vivo.

LV: Circula gran cantidad de material pirata, conciertos de distintas épocas; era hora de hacer algo en forma oficial y en eso estamos.

– El primer disco en vivo de El Reloj en toda su larga trayectoria; adelántame algo.

LV: La grabación se hizo el 30 de mayo; un concierto en el teatro Ateneo de Buenos Aires, y ese es un material que se está revisando y calculo que en unos meses va a estar en la calle…
GC: Más o menos para finales de septiembre va a estar el disco en la calle.
LV: Es un trabajo que repasa todos los discos de la banda, las diferentes épocas.
JE: Y aparte con un invitado especial que es el tano Claudio Marciello, un amigo nuestro de casi toda la vida…
GC: Y de Juanjo Ermida, teclado de la Mississippi.
JE: Va a estar muy bueno. Sabemos que es un disco muy esperado y lo estamos preparamos muy bien justamente por eso.

Fin de la entrevista. Sólo queda esperar el concierto de esa noche.

GC: Los que vengan que traigan una mochila, así cuando se van se llevan la cabeza en la mochila porque se la vamos a volar.

Por suerte le hice caso. El asunto fue volver a acomodarme la cabeza. Sospecho que no me quedó del todo bien…

Carpo1

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  • 31/12/2003
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