Desempolvando… Joseph Spence – Good Morning Mr. Walker (1972)

Joseph Spence – Good Morning Mr. Walker (1972)

Todo — la música, la cultura, la humanidad en general — comenzó en África, y desde la llegada de los esclavos africanos a las costas del continente americano, en la parte medular del siglo XVI, las culturas de este nuevo mundo colonial están innegablemente definidas por las influencias de la población negra. A su vez, absolutamente toda la música popular moderna puede trazar sus orígenes tanto a las músicas espirituales afroamericanas como al folclor afro-criollo del Caribe; por un lado, el blues, la sustancia primordial de las músicas estadounidenses del siglo XX, y por otro lado, los ritmos afroantillanos como el guaguancó en Cuba y el calypso en el Caribe anglófono, son considerados como los ingredientes primigenios de los movimientos musicales de todo el continente.

Naturalmente, incluso después de haberse desarrollado en geografías y circunstancias históricas distintas, estas dos corrientes musicales se comunicaban entre sí, particularmente en el territorio de la Louisiana, el epicentro mercantil de Norteamérica, pero también en las Bahamas, una de las conexiones más importantes de estas rutas comerciales. De este archipiélago es originario Joseph Spence, uno de los intérpretes más versátiles de la música nativa de estas latitudes.

Joseph Spence – Good Morning Mr. Walker (1972)

Spence nació en Andros, en 1910, y tuvo sus comienzos en la música como guitarrista en la banda de su tío Tony Spence, lo cual complementaba con sus labores como carpintero y pescador. Siendo hijo de un pastor, existía un gran fervor religioso en su música, siendo un hábil intérprete de música góspel y de canción cristiana, pero lo que le ganó un mayor reconocimiento fue su talento como guitarrista, con un estilo reminiscente de los grandes bluesmen del Delta, siendo capaz de armonizar y crear fraseos melódicos al mismo tiempo. Esto atrajo a folcloristas como Samuel Charters y Fritz Richmond, con los que grabó varios álbumes. De esta discografía destaca “Good Morning Mr. Walker”, en el que es más claro el don interpretativo del bahameño.

En este álbum podemos ser testigos de su impresionante repertorio; aquí coexisten los blues más ardientes de Mississippi junto a las canciones de los marinos de Jamaica, calypsos pícaros junto a canciones infantiles, y por supuesto, himnos evangelistas de todas las épocas. Tal vez es la devoción en Jesucristo la fuerza primordial de la música de Spence, pero nunca deja de lado los demás elementos de la canción popular, y su manera de tocar y cantar muestra una vitalidad tremendamente contagiosa. Piezas como las tradicionales “Out on the Rolling Sea” y “Don’t Take Everybody to Be your Friend” muestran también espacio para la improvisación, y las vocalizaciones en estos temas le dan una nueva dimensión a estas perennes melodías, y lo mismo sucede en “Mary Ann”, “Yellow Bird” y especialmente en el standard “Sloop John B”, en la que nos brinda una de las interpretaciones más geniales en la historia del tema.

Spence muere en Nassau en 1984, pero nos deja un gran legado, y su lugar como leyenda en la música de Bahamas está cimentado como uno de los grandes del siglo XX. Pero también es necesario valorarlo como uno de los mejores guitarristas acústicos en el blues, con un estilo tan original como rico en texturas.



Autor:
  • Leonel Manzanares de la Rosa
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Fecha:
  • 04/02/2020
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