Primavera Sound 2011

Primavera Sound 2011
 
Quizás nuestra visita al Primavera Sound de este año no fue la más aprovechable de las muchas que llevamos a nuestras espaldas, pero este año decidimos apostar por la comodidad y dejarnos llevar por las sorpresas que un festival como éste (por la cantidad de grupos que actúan) nos puede aportar. Aquí va nuestra pequeña crónica de la que fueron nuestras experiencias.
 
 

Jueves, 26 mayo
«Sin tele y sin cerveza, Homer pierde la cabeza”

Como cada año fue un triunfo hacer una escapada al mediodía al Fòrum para cambiar la entrada por la pulsera y la tarjeta de acceso, en media hora lo teníamos todo solucionado. Todo pintaba de maravilla, ahora solo hacía falta llegar al trabajo para vincular la moderna tarjeta monedero al dinero que previamente habíamos metido en la cuenta. La sorpresa fue cuando comprobamos que la web desde donde se hacía la vinculación estaba caída, y así se pasó toda la tarde. La web no volvería a estar activa hasta más de una semana después del festival. Por “suerte” podías meter dinero en la cuenta sin tener vinculada la tarjeta, ¿pero quién lleva dinero encima cuando ya has cargado la tarjeta? Con 20 tristes euros y la esperanza de que la web resucitara o que en las taquillas pudieran darte acceso al dinero de la cuenta nos dedicamos a explorar la zona, incluyendo el lejano nuevo escenario Llevant. De camino pudimos comprobar que muchas de las taquillas seguían cerradas y que las barras todavía no disponían de los terminales para cobrar. La gente, bastante perpleja y un pelín irritada tuvo que deambular por los escenarios completamente secos durante horas. Finalmente encontramos alguna barra que ya había recibido los terminales y pudimos pedir algo para sofocar la sed. Un inciso, el sistema igualmente estaba muy mal pensado. El tiempo que un terminal tarda en identificar la tarjeta, el número de terminales por barra, el “ponle a este chico una cerveza que ya me la ha pagado” es infinitamente menos eficiente que el pillar un ticket o cobrar en efectivo. Y esa fue la opción por la que optó el festival cuando vio que la cosa se le estaba escapando de las manos, cobrar en efectivo. Salir del festival, buscar un cajero que funcione, aguantar la cola de guiris (muchos este año) y volver mientras una amiga va a pedir responsabilidades. Volviendo del cajero nos comunican que están devolviendo el dinero de la tarjeta, vinculada o no. Los instintos asesinos crecían por momentos…

Bearsuit – A Train Wreck (en el escenario Adidas Original)




Con los bolsillos repletos de dinero (el del cajero, el de la tarjeta y el de la cuenta) solo encontramos paz gracias al concierto de Grinderman. Porque a eso habíamos venido y para eso escribimos estas líneas ¿no? Para y por la música. Antes presenciamos el concierto de Bearsuit en el escenario Adidas que, con un set repleto de hits, fueron de menos a más al igual que la gente que se acercó a verlos.
Nick Cave y Warren Ellis con Grinderman presentaban su segundo disco en el escenario Sant Miquel, un disco atrevido que muchos jóvenes ya quisieran para ellos. Así como la actitud y las tablas que el australiano, ajeno al caos organizativo, demostró en directo.
Casi al mismo tiempo, en el escenario ATP, un visionario como Glenn Branca ejercía de director de orquesta ante cuatro guitarras atronadoras. Cambiando de visionarios, Suicide intentaban lo propio a base de volumen cuando iniciaron su concierto con “Ghost Rider” pero da la sensación que no han sabido evolucionar correctamente como otros compañeros de generación.
El final de la jornada lo dedicamos a los amigos y a los conciertos más rockeros del escenario Jäger-Vice con unos sorprendentes Ty Segall y unos apabullantes Lüger que van a dar mucho que hablar en la escena nacional. Nos pasamos por el concierto (sesión) de Girl Talk que era una fiesta de mezclas imposibles de estilos, pero por no excedernos el primer día nos retiramos con una remezcla de Bon Jovi de fondo.

Viernes, 27 de mayo
“The revolution will not be televised”

Gil Scott-Heron, que moriría esa misma noche quizás no tenía razón. Nos levantamos alucinando al ver las imágenes de la carga policial en Plaza Cataluña y por eso nos perdimos a Avi Buffalo y Ainara LeGardon. Pero llegamos a tiempo para disfrutar del viaje (en el sentido más lisérgico de la palabra) de Wolf People ofrecieron en el ATP. Una vez lamidas las heridas del día anterior por fin daba la sensación de estar en el festival que todos esperábamos.
Pere Ubu presentaban en el escenario Rayban uno de los mejores y más divertidos conciertos del festival. Su líder, David Thomas, el abuelo granuja y bonachón nos presentó “The Modern Dance” petaca en mano e intercalando cada canción con anécdotas a cada cual más hilarante. Una lección 101 de rock experimental, punk, garaje que suena tan transgresivo ahora como hace 30 años.
Las explosivas No Joy sorprendieron a propios y extraños en el escenario Jäger-Vice con su riot shoegaze distorsionado y Explosions In the Sky abarrotaron el Rayban. ¿Desde cuándo el post rock o este grupo en concreto se han hecho tan populares? No nos engañemos, quizás la gente estaba descansando, o haciendo tiempo para lo que se avecinaba, pero por muy lleno que estuviese el escenario dudo que la mayoría hubieran escuchado un disco entero de la banda de Texas.

Davila 666 «Pingorocha y la diva rockera» (en el escenario Rayban Unplugged)




Lo que estaba por llegar en el escenario contiguo era el retorno de Pulp, iconos de los 90 y quizás uno de los grupos que todavía consigue que 20 años después se escuchen sus singles en las discotecas indies. Jarvis Cocker no ha perdido un ápice de carisma y es uno de los pocos frontman del pop alternativo capaces de mover y moverse como lo hace. Tuvo el detalle de dedicar unas palabras a la Spanish Revolution, hubo hasta una petición de mano en primera fila y saltaron lágrimas cuando sonó “This is hardcore”.
Para acabar la jornada pudimos ver por fin al (ahora) trío Battles (no los pudimos ver la última vez que vinieron), que centraron su concierto en su último trabajo “Gloss drop” incorporando las imágenes de los cantantes que han cedido su voz en algunos temas del disco. Se echaron de menos temas de su disco “Mirrored” pero dejaron a la gente bocabierta con la manera que tienen de tocar con instrumentos lo que otros ya quisieran hacer con máquinas. Lo de John Stainer (Helmet, Tomahawk) no tiene nombre.

Sábado, 28 de mayo
“You need Satan more than he needs you”

Con todo el cuerpo dolorido tras dos días de festival (y eso que nos los tomamos con calma) nos presentamos a tiempo para ver ese nuevo hype llamado Yuck. Un grupo que suena genial en disco y en directo pero que carecen de carisma alguno. Parecían una parodia de grupo salido de alguna película de Michael Cera. Veamos qué les pasa cuando se les acaben las ideas. Todo lo contrario que Papas Fritas, que derrochan buen rollo por doquier y además lo acompañan de un buen puñado de canciones adictivas.
El concierto de Fleet Foxes fue otro de los momentos álgidos del festival. En el escenario Sant Miquel, donde años atrás triunfaron grupos como Neil Young o Dr Dog, los de Seattle consiguieron poner los pelos de punta con una fórmula de folk rock capaz de ser tan preciosista como enérgica.

Odd Future Wolf Gang Kill Them All




Blixa Bargeld y sus Einstürzende Neubauten dieron una lección de lo que realmente es música industrial a base de percusiones de invención propia que dejaron a la gente con los ojos como platos. Tras sonar “Sabrina” (la canción) nos dirigimos al ATP para ver a Mark Ramos-Nishita. Sabíamos de las colaboraciones de Money Mark con los Beastie Boys pero no nos esperábamos un concierto de rock, jazz y funk como el que hizo. Desde luego más cercano a Ben Harper que al “Ill comunication”, toda una grata sorpresa. En cuanto oímos las primeras notas del «Let England shake» de PJ Harvey corrimos en dirección contraria (nada personal pero cuando no hay nada peor que un concierto masifiado te estropee el recuerdo de una artista que ya has visto varias veces).
Acababa Kurt Vile & The Violators en el Jäger-vice y esperamos a Dávila 666 que el número siempre es buena señal, ¡y vaya si lo era! El pequeño escenario fue una orgía de punk-rock a cargo de unos locos procedentes de Puerto Rico. Vimos un poco de esa apisonadora sonora llamada Swans y nos dirigimos al escenario pitchfork a ver al nuevo enfant terrible del hip hop americano, Odd Future, unos faltones poseídos por el diablo que nos harían más gracia si los entendiéramos (o menos, ya que sus comentarios homófobos han despertado la ira de algunos de nuestros artistas preferidos). De todas maneras, con el stage diving asesino de Tyler the Creator nada más empezar el concierto ya se nos ganaron. Lástima de sonido. Pissed Jeans no acabaron de cuajar desde la posición en la que estábamos y a partir de ahí ya fue dejarnos llevar, gastar los últimos cartuchos y cerrar las puertas del festival hasta el año que viene.

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  • 09/06/2011
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