Opatov + Bruises @ Sidecar (Barcelona, 21-12-18)

Hubo un tiempo no demasiado lejano, o eso me parece a mí, en el que mis amigos y yo solíamos ser los más jóvenes de entre el público de los conciertos a los que íbamos. Resulta que el tiempo ha pasado y ahora soy yo (o por lo menos eso sucedió el viernes pasado en el Sidecar) el más puretilla del respetable. Peino canas y la mayoría de la gente que fue a ver a Bruises y Opatov, dos de los grupos de rock más interesantes de la escena catalana, eran veinteañeros de los que no se han dejado seducir –todavía- por el riguitón, el trap y las zapas Fila ésas que llevan ahora todas las chavalas modernikis. La nueva generación roquista barcelonesa hace tiempo que camina sola y visto lo visto la otra noche, puede (y de hecho ya lo está haciendo) darnos unas cuantas alegrías a los que todavía nos aferramos al rock como música vital.

BruisesAbrieron la noche el cuarteto Bruises, que presentaban su primer EP, titulado “Parallel Portraits”. Disco editado por Hidden Track y Mama Vynila, dos de los pilares del subsuelo barcelonés, los cuatro jovenzuelos (¿qué edad tiene el cantante? Tremenda cara de bambino) dieron buena cuenta de lo que mejor saben hacer, es decir, darle cera al pop etéreo de cuerpo musculado. Más intensos y ariscos que en disco (cosa que ya me está bien), su pop de baja fidelidad gana enteros cara a cara gracias a su ímpetu juvenil y sus ganas de hacer ruido.

OpatovResultaron ideales para calentar el ambiente a los protagonistas de la noche, Opatov. Los de Cerdanyola del Vallès, ahora en formato sexteto, siguen siendo, por lo menos para mí, uno de los mejores conjuntos del pop nacional. Lo han confirmado con su segundo disco, “Botánica Oculta” (Famèlic/BCore), y lo siguen mostrando concierto a concierto. Ya son varias veces que he presenciado conciertos suyos, y su rollito psicodélico y espacial (especialmente acentuado en las canciones de su nuevo álbum), combinado con su garra garagera y guitarrera, desprende personalidad y muy buen hacer. Cosa muy de agradecer en un mundillo cada vez menos roquero y, por qué no decirlo, auténtico. Opatov siempre vuelan alto y en el Sidecar no hicieron una excepción.

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  • 24/12/2018
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