Mad Season… Me sabe a humo

Mad Season

Ya es extraño que con la fascinación que sentimos por los artistas muertos (el último ejemplo, JJ Cale, personaje al cual no se le hizo ni puñetero caso en vida en la prensa española), un grupo como Mad Season, dos de cuyos componentes murieron hace años resultado de sus incesantes coqueteos con las drogas duras, no haya transcendido como lo que fue, una de las mejores bandas de rock de la década de los 90. Formada por varios componentes de otras bandas de Seattle, en aquellos momentos la meca de la música guitarrera occidental, tenía entre sus filas a Layne Staley, cantante de Alice in Chains y muerto por una sobredosis de speedball (combinación de heroína y cocaína que se llevó también a River Phoenix y John Belushi), Mike McCready, hendrixiano guitarrista de Pearl Jam cuya manera de tocar su instrumento debería ser recordada por los siglos de los siglos, Barrett Martin de Screaming Trees a la batería, sobrio, cumplidor y elegante, y John Baker Saunders, bluesman también fallecido por una sobredosis de necia dronga, al bajo. Lejos de otros proyectos con miembros de la escena grunge noventera como Three Fish o Brad, Mad Season sí que demostraron su talento compositivo conjunto en el único trabajo que les dio tiempo a editar, el maravilloso “Above”, publicado en el ya demasiado lejano año 1995. Pero empecemos por el principio.

La historia de Mad Season empieza en Minneapolis, ciudad en la que se había instalado McCready –bueno, más que en la ciudad, se instaló en un centro de rehabilitación- para intentar mejorar en sus problemas causados por la droga y el alcohol (sí, en Mad Season todos eran unos golosones. Y pasa lo que pasa). Allí conoció a Saunders, bajista de blues que había formado parte de bandas como The Lamon Cranston Band y que también lidiaba con sus problemas con las sustancias estupefacientes. Hicieron tan buenas migas que al volver a Seattle, McCready inmediatamente llamó a Layne Staley que, oh, sorpresa, también estaba más enganchado al caballo que Pancho de “Verano Azul”, para proponerle el formar una banda con ese bajista que había conocido en su temporada de “me estoy quitando”. Ya sólo faltaba un batería, y Barrett Martin de los infravaloradísimos Screaming Trees estaba disponible. Una nueva banda había nacido para abrirle los ojos a un abanico de nuevas sonoridades a un chaval de 16 años. Sí, ese chaval era yo.

Bautizados en un principio como Gacy Bunch en honor al asesino en serio John Wayne Gacy y a la serie de televisión “The Brady Bunch” (en España, “La tribu de los Brady”), la banda protagonizó su debut un domingo de octubre de 1994 en el Crocodile Café de Seattle. Y a pesar de apenas tener un par de temas completos escritos –hasta el momento habían hecho básicamente jam sessions en su local de ensayo-, el concierto supuso una sorpresa para el público e incluso para ellos mismos. El cuarteto tenía, y nunca mejor dicho teniendo en cuenta las tóxicas aficiones de casi todos sus miembros, química cuando se juntaban.

Mad Season

Así que, entre disco y disco de sus respectivas bandas, el cuarteto decidió –tras una más que convincente intervención en el programa radiofónico de Pearl Jam, “Self pollution radio”, donde tocaron las graníticoblueseras “Lifeless Dead” y “I don’t know anything”– que era el momento de lanzarse a grabar un LP completo. Si es que a la que dejas de drogarte, hay que reconocer que comienzas a hacer muchas cosas que dejabas siempre “para otro rato”. Pero antes de eso, cambiaron su nombre por el de Mad Season, en el argot anglosajón la temporada cuando las setas de psilocibina están listas para ser degustadas. Si es que el que es disfrutón, por mucho que se meta en rehabilitación, siempre lo será. Otra cosa es que vuelva a caer en las tentaciones, que son muchas y muy dulces fuera y dentro del rock n roll way of life. Motivados y limpios, grabaron “Above” en el Bad Animals Studio de Seattle, con la ayuda de Brett Eliason, técnico de sonido habitual de los Pearl Jam. Sí, en familia a veces, sólo a veces, se trabaja mejor. Y vaya si trabajaron bien, porque “Above” es uno de esos discos que con los años ya no solamente han ido ganando enjundia y profundidad (bastante de ello tiene posiblemente que ver en que la voz de Staley se apagara para siempre en 1999), sino que además ha aguantado perfectísimamente el paso del tiempo.

El disco, un tratado de cavernoso blues, jazz roquista y libertario, y de rock de raíz sumamente setentera, es una oda a los tiempos pasados (siempre mejores, aunque sea solamente en nuestra memoria), al querer y no poder, al intentar dejar los malos hábitos que creemos que nos definen como persona, a los desengaños vitales –que van sumándose año tras año tras año-, y a libertad de la juventud que se va apagando mientras grababan el LP (y mientras lees esto). El resultado, un disco imprescindible (sólo por la mastodóntica “Wake up”, con el quejío de Staley llegando de ultratumba antes de haber muerto, ya vale la pena la escucha), que sigue epatando más de diez años después de su publicación. Por su sinceridad, su independencia, y por temas como “Long gone day” (en el que canta Mark Lanegan). Cualquiera que haya tenido un grupo musical y le estén saliendo canas difícilmente podrá reprimir la emoción al escuchar las primeras notas de esa melancólica maravilla de cinco minutos de duración.

Y al llegar cada verano, y sin que pueda yo evitarlo, siempre tengo en mente el momento en que los Mad Season me abrieron los ojos.

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  • 20/08/2013
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